Educar desde lo positivo

Una mano dibuja con tiza una cara sonriente en una pizarra rodeada de tizas de colores

La corrección del error es uno de los principios más usados en educación. Está claro que si nos equivocamos que alguien nos muestre nuestro error y cómo evitarlo en el futuro es esencial. La corrección de errores ha permitido la supervivencia del ser humano. Evitó a nuestros antepasados ser víctimas de errores que hubieran provocado su muerte.

Ahora quizás nuestra vida puede no depender de evitar ciertos errores (o sí, por ejemplo cuando son imprudencias durante la conducción) pero sí nuestro futuro o nuestro sustento. Por ello, cuando llegamos a ser padres nos pasamos la vida corrigiendo errores de nuestros hijos. Es algo que forma parte de nuestra tarea como padres. Pero centrar la educación tan solo en ello no suele provocar los resultados esperados:

  1. Nos limitamos a repetir lo que no hacen bien. Señalamos aquellas cosas que a nuestros ojos no realizan bien, pero casi nunca les decimos aquellas cosas que hacen bien. Si un niño tiene problemas de caligrafía, es mucho más efectivo decirle «Mira, estas letras las haces muy bien y quizás podemos centrarnos en mejorar el palo de la l», que «Has de hacer mejor el palo de la l, no se entiende».
  2. El niño puede pensar que sólo con lo negativo recibe atención. Las personas necesitamos atención, saber que los demás nos reconocen. Cuando decimos que un niño se porta mal para llamar la atención, es así. Es preferible recibir broncas y reproches que no recibir nada. El niño cuando se ve reconocido no precisa portarse mal para llamar la atención.
  3. Su autoestima resulta dañada y pueden llegar a pensar que no hacen nada bien. En el mejor de los casos, en la rebeldía adolescente nos pueden decir «Hago muchas cosas bien pero no me las dices». Esto es mejor que niños que sienten que no sirven para nada porque nadie les ha dicho aquello en lo que destacan o lo que hacen correctamente. Estos niños al llegar la adolescencia pueden abandonar los estudios porque nadie ha valorado sus avances.

A veces a esta frase contestamos que esa es «su obligación», o que a nosotros «tampoco nadie nos dice aquello que hacemos bien». Y pregunto ante esta afirmación, ¿no estaríamos más contentos en el trabajo si nuestros jefes nos alabaran cuando hacemos algo bien? ¿No sentimos a veces que sólo se dirigen a nosotros para comentarnos las equivocaciones y echarnos una reprimenda? ¿Es más productiva una persona cuando su jefe sólo se dirige a ella para decirle lo que ha hecho mal? Hay estudios que indican que se llega a aumentar la productividad hasta un 12 % cuando se le dice al empleado aquello que hace correcta o extraordinariamente bien, además de crear un clima mejor de trabajo.

Desgraciadamente estamos en una sociedad donde la crítica y el exponer lo negativo parece lo habitual. Nos cuesta dirigirnos elogios o alabanzas cuando realmente son reforzadores de la autoestima. Algunas personas incluso restan importancia a aquellos comentarios positivos que reciben. Mi opinión es que esto, desde un punto de vista de la salud mental, no es sano. La autoestima acaba siendo dañada y el riesgo de padecer enfermedades psicológicas como la depresión se ve incrementado.

Si esto lo llevamos a nuestros hogares, quizás nos demos cuenta de que nuestra educación sería más efectiva si cambiáramos la forma de corregir. Quizás consigamos mejores resultados diciendo a nuestros hijos también lo que hacen bien o aquellas partes de su carácter que nos gustan. Por ejemplo, si un niño en ocasiones es tozudo y nos lleva al límite se lo diremos, pero quizás no le digamos que en muchas otras ocasiones ha podido ser generoso o cariñoso.

Con esto no quiero decir que no pongamos límites ni corrijamos a nuestros hijos, ya que las dos cosas son muy necesarias. No hacerlo puede acarrear graves consecuencias en su futuro, convirtiéndolos en adultos que no encuentran sentido a lo que hacen o que tienen baja tolerancia a la frustración. Me refiero a que intentemos hacerlo de otra manera, haciendo hincapié en lo que hacen correctamente y que esto puede mejorarse cambiando ciertas cosas. Y sobre todo desde el cariño y el respeto.

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